Viendo las imágenes de la captura de Gadafi y maltrato previo a su ejecución, uno no puede dejar de preguntarse si no se habrá derrocado a un dictador para poner a otro gobierno con los mismos métodos represores de los que hacía gala ese tirano. Sin duda, son unas imágenes que dejan poco lugar a la imaginación.

Pero ahora, lo preocupante es saber qué va a pasar en Libia después de la caída definitiva de Gadafi, y qué papel jugarán los diversos elementos de poder como las milicias de las diversas ciudades (Misrata, Zauiya, etc.) o las tribus (tuareg, bereberes) en esa construcción de la nueva Libia.

Por el momento, lo único que se observa es la gran influencia religiosa que parece tendrá Libia en su nueva concepción, según Mustafá Abdel Yalil, presidente del Consejo Nacional, las leyes libias se basarán en la Sharía, resumiendo con una frase inquietante sus intenciones: “Toda ley contraria a los principios del islam queda legalmente anulada”. Es decir, libia será libre, bajo un concepto de libertad bastante discutible.

En cualquier caso, quedan meses (quizá años) de trabajo intenso para construir un nuevo orden político que sustituya la dictadura que manejó con mano de hierro el excéntrico dictador, odiado por occidente pero agasajado por sus líderes en innumerables gestos de afecto que pasaron de los afectuosos saludos a los bombardeos de sus posiciones por la OTAN, o ¿Acaso ya nos hemos olvidado de los efusivos saludos de Berlusconi o Zapatero a Gadafi, o de que Ruiz Gallardón le entregó las llaves de oro de la ciudad de Madrid?