Ayer estuve leyendo, con algo de retraso, eso sí, El País Semanal del día 29 de abril. En concreto, el reportaje sobre los Tuaregs y su relación con la ciudad de Tombuctú. El caso es que, al pasar la página 48 de la revista, me tope con una imagen que parece sacada de otro tiempo pero que es fiel reflejo de las diferencias que no solo perduran sino que aumentan cada día entre ricos y pobres en la sociedad actual: Es la imagen de un niño que llora y que sostiene una pequeña tabla de madera con lo que parecen ser escrituras coránicas –no sé si en árabe o en tifinag–, elementos con lo que los niños aprenden en esta región del planeta las suras del Corán.

Poblado del sur de Egipto

La imagen, que trataba de ilustrar el reportaje sobre hundimiento de la región, me hizo reflexionar sobre el acceso a la educación y a la cultura. Las tecnologías de la información puede ser una gran oportunidad de progreso, pero lo cierto es que también pueden generar grandes desigualdades ya que, mientras en los países desarrollados las tecnologías se desarrollan con un crecimiento exponencial, en los lugares más pobres del planeta se siguen utilizando herramientas que ya se usaban hace más de 2000 años como ostrakas o tablillas de madera con textos escritos con tinta vegetal y un cálamo, aumentando esa brecha digital, formativa y de progreso.

Una imagen impactante que, por motivos de derechos de autor no el podido incluir en el post, que merece la pena consultar.