La verdad es que no tenía pensado publicar esta entrada, me parecía en exceso negativa y no quería polemizar, pero hoy he leído esta entrada en biblogtecarios de Esti Gómez reflexionando sobre el intrusismo por parte de los documentalistas en otras profesiones, y no me he resistido a publicarlo.

En algún lugar en la inmensidad del espacio tiempo, hay miles de bibliotecarios buscando su sitio.

No, no es una simple metáfora de la situación actual del profesional de las bibliotecas, es la realidad de muchos compañeros que han acabado con su cuerpo en la lista del paro, después de haber sufrido innumerables fatalidades, años de trabajo precario, mal pagado, mal valorado, y por lo que se ve, con un futuro (presenta ya) incierto.

Si pensáis que me he vuelto loco o me ha dado un ataque depresivo (es posible), pero en realidad creo que es mucho peor que eso, la realidad ha superado ya las peores previsiones y avanza por un dudoso camino.

Buscando una oportunidad

Existen muchos colectivos que lo están pasando mal desde que comenzó la crisis financiera, pero los bibliotecarios han sido de los pocos colectivos que ya lo pasaban mal antes de esta, y eso era un hecho contrastable si se observa la cantidad de profesionales que ejercieron su labor durante años (y me refiero a más de 4, 5 y 6 años) a base de ridículas becas y promesas de tiempos mejores que jamás llegaron (ni llegarán).

Ahora el panorama es bien distinto, ahora sabemos que el futuro va a ser mucho más incierto de lo que imaginábamos. La recesión provocada por las políticas económicas asfixiantes van a dejar el panorama cultural y educativo “hecho unos zorros”, el horizonte investigador y docente casi inaccesible gracias a la reducción temeraria de la inversión en I + D + i, la pequeña empresa cerrando, la grande despidiendo y externalizando todavía más servicios que antes, y la administración pública sin sacar plazas (y lo que queda). A priori se podría pensar que solo hay dos salidas: seguir formándose y especializándose, o viajar al extranjero a buscarse la vida. Pero ambas respuestas tienen trampa y hay que tener en cuenta sus inconvenientes.

En el primer supuesto, hay que señalar como primer elemento disuasorio el encarecimiento salvaje de matrículas que pretende aprobar el gobierno y la reducción de becas que quiere aplicar al mismo tiempo. Si suponemos que un sujeto X desea seguir formándose porque está en paro, por lógica no va a pedir un crédito (tampoco se lo van a dar) para costear unos estudios que, ni sabe cuánto podrán costarle, ni si finalmente, cuando termine, podrá devolverlo (en caso de que encuentre trabajo). Además, a mi modo de ver, a la hora de realizar una especialización (puede ser Máster, postgrado, etc.), podría ser un error realizarla dentro del mismo campo que las titulaciones que se han cursado hasta ahora cuyos títulos se tienen colgados en la pared cogiendo polvo mientras no se hace nada más que renovar tu tarjeta del paro. Otras titulaciones que en época anterior han servido de salvavidas, como eran las titulaciones relacionadas con la comunicación y la creación de contenidos (periodismo, etc.), casi están peor, así que una especialización en biblioteconomía, materias afines o relacionadas solo estaría indicado para aquel profesional que tuviera trabajo y quisiera seguir promocionando, porque desgraciadamente para el que no lo tiene, aparentemente no le va a servir de mucho (quizá para destacar dentro del limbo, pero no para salir de él)… Por lógica, podría ser mucho más provechoso, aunque no infalible, decantarse por algún Máster o postgrado relacionado con la informática o con la gestión, aunque implicaría dinero y mucho, mucho tiempo para poder ponerse al día y salir al mercado laboral de nuevo con un abanico de posibilidades algo más amplio (aunque sin experiencia, sigue siendo tarea complicada).

Sobre el segundo supuesto habría poco que añadir, solo un par de cosas: En primer lugar, para ganarse la vida fuera de nuestras fronteras como profesional cualificado (en este caso bibliotecario) lo primero que habría que hacer es dominar el idioma (imprescindible para trabajar con información), algo que no sucede en muchos casos de titulados españoles en general. A no ser que se tenga un nivel alto del idioma del país al que se va (e inglés, por supuesto), lo único en lo que se puede realizar de forma profesional es trabajar en hostelería hasta que se le caigan las manos a uno y empiece a expresarse decentemente. Y todo ello, contando con que se encuentre trabajo de “loquesea” cuando se vaya allí con una mano delante y otra detrás y sin ahorros. En definitiva, es una opción, pero arriesgada, ya que si no se tiene una economía potente que pueda absorber las posibles eventualidades con las que uno se puede encontrar allí (más días en el paro de los que pensabas, sueldo más bajo, etc.) no hay nada que hacer.

Por último, e intentando maquillar de alguna manera la poca confianza que tengo en que el panorama se solucione (al menos a corto/medio plazo), sí me gustaría señalar que sigue habiendo salidas, aunque sean complejas y aunque no exista la certeza de que sea el camino correcto. Desde mi punto de vista, lo más recomendable será complementar titulaciones de varios campos del conocimiento con estancias en el extranjero. Salir del limbo bibliotecario será complicado, pero no imposible.