El mundo se codifica
en unas manos que lo abarcan todo.
Desafían a las mareas,
a la química de los abrazos
y siempre llegan pronto
y nunca dejan nada.

A la intemperie,
en la espesa negrura de la duda,
de frente al pensamiento,
se revelan y nos muestran sus cartas.

Son manos herméticas
que dominan los astros.
Construyen las aguas
que brotan y lo inundan todo.

O te cierran los ojos
o los pueblan de lágrimas.

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