Hace un par de días asistí por primera vez a la Conferencia Anual REBIUN que en esta ocasión celebraba su trigésimo tercera edición. Un evento realmente interesante para comprender el poder real de las redes de colaboración en el sector de las bibliotecas universitarias y su capacidad para generar espacios de trabajo y de gobernanza, además de establecer lazos de colaboración en un entorno tan complejo y heterogéneo como el universitario.

La jornada se inició con una ponencia inaugural de la mano de mi amiga y compañera de fatigas en SEDIC Felicidad Campal con una extraordinaria y amena reflexión sobre el papel protagonista que se debería ejercer desde las bibliotecas. Su discurso pivotó sobre la proliferación de términos y conceptos dispares a través de los cuales se podía intuir el establecimiento de un nuevo contexto tecnológico y social en el que las bibliotecas no pueden ser meros espectadores.

Entre las cuestiones que abordó durante su discurso se hizo mención a las nocivas consecuencias (hoy en día ya confirmadas ampliamente por la comunidad científica) que tienen la exposición de los jóvenes a las redes sociales y la dependencia que generan. Lo que en su momento se presentó como una oportunidad tecnológica que podría transformar el mundo (para bien, se entiende), hoy es un entorno hostil lleno de odio y contenido basura. Un conjunto de algoritmos que pelean para doblegar nuestra atención y mantenernos bajo un scroll infinito de tonterías que tiene efectos realmente perjudiciales.

En este contexto (y aquí va la reflexión postconferencia), posiblemente las bibliotecas no deberían mirar para otro lado ante este problema. ¿No sería el momento de acabar con esta contradicción? ¿Es lógico que las bibliotecas sean entornos en los que se alerta de las consecuencias del uso y abuso de las redes, mientras por otro lado se promueve la creación de perfiles en estas mismas redes que no hacen más que impulsar los problemas que detectan?

Quizá sea el momento de enfrentar esta contradicción y asumir una menor visibilidad adoptando una postura más coherente ante este problema. Transitar desde una dinámica de difusión a través de las redes más perjudiciales como X, Facebook o Tiktok hacia entornos y plataformas más respetuosas con la atención a los usuarios. Quizá sea hora de dar ejemplo.

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